December 24, 2021 – Pastor’s Note

English

The core tenant of Christianity is that we are saved by Jesus, but how does that salvation come about? How exactly do a cross and an empty tomb lead to justification before the Lord?

Interestingly, Catholic theology does not have a dogmatic answer to that question. Thanks to the Council of Trent, we know that we do not believe that God is angry with sinful humanity and that Jesus stands in our place to receive and redirect the anger of God. As that Council says, “For God hates nothing in the reborn, because there is no condemnation for those who are truly buried with Christ by baptism into death, who do not walk according to the flesh but, putting off the old person and putting on the new person created according to God, become innocent, stainless, pure, blameless and beloved children of God, heirs indeed of God and fellow heirs with Christ, so that nothing at all impedes their entrance into Heaven.”[1]

But what do we believe instead? There are currently two leading theories about how the Cross saves us: The first, championed by René Girard, holds that Original Sin presents itself in humanity as a cycle of tribal warfare diffused by the murder of a scapegoat, and that the mechanism of our salvation through Christ is that Jesus allowed himself to be the scapegoat for all time and all humanity, and thereby gave us the mechanism to escape tribalism through him. The second theory, championed by Hans Urs von Balthasar, is that Jesus saves us through solidarity; in other words, by joining himself to every human experience including death, Jesus has redeemed and infused with grace every human experience.

Catholicism being Catholicism, both theories can be true and mutually enriching, but at Christmas we focus particularly on the solidarity theory. Jesus Christ, the Son of God, the Second Person of the Divine Trinity, took upon flesh and became man. He has entered fully into our human experience by himself becoming human. Jesus was a helpless infant, needing the care and protection of his parents; he was a busy toddler, awkwardly learning to walk and speak and eat; he was a tween and a teenager, carefully navigating the line between child and adult; he was a young man, discerning when to move out of the home and make a life for himself. He also suffered, died, and was buried. Whatever our life brings us, the message of Christmas is that Jesus knows, understands, and is right there with us. Jesus loves you and walks with you every step of the way. He always has, and he always will.

“For we do not have a high priest who is unable to sympathize with our weaknesses, but one who has similarly been tested in every way, yet without sin. So let us confidently approach the throne of grace to receive mercy and to find grace for timely help.” (Heb. 4:15-16)

[1] Council of Trent, Session 5, Decree on Original Sin, Paragraph 5.

Español

El inquilino central del cristianismo es que somos salvados por Jesús, pero ¿cómo se produce esa salvación? ¿Cómo exactamente una cruz y una tumba vacía conducen a la justificación ante el Señor?

Curiosamente, la teología católica no tiene una respuesta dogmática a esa pregunta. Gracias al Concilio de Trento, sabemos que no creemos que Dios esté enojado con la humanidad pecadora y que Jesús está en nuestro lugar para recibir y redirigir la ira de Dios. Como dice ese Concilio: “Dios por cierto nada aborrece en los que han renacido; pues cesa absolutamente la condenación respecto de aquellos, que sepultados en realidad por el bautismo con Jesucristo en la muerte, no viven según la carne, sino que despojados del hombre viejo, y vestidos del nuevo, que está creado según Dios, pasan a ser inocentes, sin mancha, puros, sin culpa, y amigos de Dios, sus herederos y partícipes con Jesucristo de la herencia de Dios; de manera que nada puede retardarles su entrada en el cielo.”

Pero ¿qué creemos en su lugar? Actualmente hay dos teorías principales sobre cómo la Cruz nos salva: La primera, defendida por René Girard, sostiene que el Pecado Original se presenta en la humanidad como un ciclo de guerra tribal difundido por el asesinato de un chivo expiatorio, y que el mecanismo de nuestra salvación a través de Cristo es que Jesús se permitió ser el chivo expiatorio de todos los tiempos y de toda la humanidad, y así nos dio el mecanismo para escapar del tribalismo a través de él. La segunda teoría, defendida porr Hans Urs von Balthasar es es que Jesús nos salva a través de la solidaridad; en otras palabras, al unirse a cada experiencia humana, incluida la muerte, Jesús ha redimido e infundido con gracia cada experiencia humana.

Siendo el catolicismo el catolicismo, ambas teorías pueden ser verdaderas y mutuamente enriquecedoras, pero en Navidad nos centramos particularmente en la teoría de la solidaridad. Jesucristo, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Divina Trinidad, se hizo carne y se hizo hombre. Él ha entrado plenamente en nuestra experiencia humana al convertirse en humano. Jesús era un niño indefenso, que necesitaba el cuidado y la protección de sus padres; era un niño ocupado, que aprendía torpemente a caminar, hablar y comer; era un preadolescente y un adolescente, navegando cuidadosamente por la línea entre el niño y el adulto; era un hombre joven, que discernía cuándo mudarse de la casa y hacer una vida para sí mismo. También sufrió, murió y fue enterrado. Sea lo que sea que nuestra vida nos traiga, el mensaje de la Navidad es que Jesús sabe, entiende y está allí con nosotros. Jesús te ama y camina contigo en cada paso del camino. Siempre lo ha hecho, y siempre lo hará. “Pues no es tal nuestro pontífice que sea incapaz de compadecerse de nuestras miserias, habiendo experimentado todas las tentaciones y debilidades, a excepción del pecado, por razón de la semejanza con nosotros en el ser del hombre. Lleguémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar el auxilio de la gracia para ser socorridos a tiempo oportuno.” (Heb. 4:15-16)

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